Fundación Fernando Quiñones

Fragmento de Las mil noches de Hortensia Romero

Las Mil Noches de Hortensia Romero

...¡Lo alegre y lo salao que era el Friti, de mearse, y la de chistes que sabía ese hombre!; que él fue el que sacó por Carnavá la copla del moqui-moqui que la cantaron Las Cotorras Borrachas, la copla con el lío de Paco el del Ibérico, ¡mujer, el Ibérico, el café del Paseo Canalejas: cuando le pasó aquello al dueño que ya él era mayor y quería a la fuerza seguir funcionando con una muy joven y!... ¿pero cómo que qué dueño?: ¡Paco, hija!... aquello que tuvieron que llevarlo por fin al Seguro a bajarle urgente el mandao, que la cantó esa copla aquel año la chirigota de Santiago Galván, la de las cotorritas:

Un industrial de esta plaza
s'ha tomado una pastilla-có
y se l'ha quedado [c el tranco-có]
como el palo de una silla.
Moqui-moqui del trancoqui
quiquiriquiquí-cocó

: del Friti clavao.

O si no, que yo lo vi, cuando vistió de niño a Pepe el Chaveta tan viejo, tan chiquetito y tan feo, eso fue otro Carnavá hace más tiempo, y él salió de niñera: el Chaveta en el cochecito con su pipo, sus patincitos de lana, el sonajero, su babero de encaje, o sea, lo que es una criatura chica, y el Friti con sus medias y las naguas y el gorro ese de niñera.

Y le dice el Friti al Chaveta:

-Ya tú sabes los rempujones y las bullas que se forman; en una de ésas, lo mismo te tiran del coche o te caes o lo que sea, así que va a ser mejor que te amarre, José.

-Venga -dice el Chaveta.

Lo amarra el Friti al cochecito, pero bien, y el biberón era el vino, un biberón muy grande, esagerao, con Valdepeñas de Casa Nicanor, y la tata se lo daba al niño, "toma, nene, toma"; la gente, tirándose al suelo.

Y coge el Friti y, sin que el otro se diera cuenta, empieza a echarle jalapa en el vino, con lo que eso suelta el vientre y que casi ni se le nota el gusto con el vino fuerte. Y de pronto, el Chaveta: "mamá, caca", y al rato, "ay, ay, Antonio, suéltame". Y el Friti venga a darle el biberón, "toma, nene", ya por la calle La Pelota unos peos que no veas y "¡suéltame, suéltame!". Y el Friti, ese biberón: "¡Toma y calla, nene!, qué nene éste más malo..." Pero sin desamarrarlo. Y el Chaveta, por la calle Nueva, medio llorando: "¡que me cago, suéltame con tus muertos, Friti, ay!"... Y "que me cago-que me cago" y, ya en San Francisco, prrrrá, salpicando la mierda por las barandillas del coche abajo.

Que al Chaveta, olvidársele no se le llegó eso a olvidar. No se lo perdonó. Pero nunca, ¿eh?... Lo veía y se ponía malo. Tanto es así que, la tarde que se murió el Friti, se emborrachó de la alegría, me dijeron.

Ah, pero yo con el Friti, yo es que me tiraba al suelo, a mí me se iba el reló en la cama con él, aunque nunca le permití a las dueñas ni a nadie de que me llamaran a mí la atención, o me tocaran en la puerta, porque me tardaba con un hombre, eso nunca. Y siempre me lo respetaron.

Huy el Friti y la catalana, qué arte... Y yo con el Friti, el tiempo que fuera, ¡si es que estaba sembrao!... Es que era... Hay que ver la que lió en Jeré. Es que era... La que armó en Jeré no se le ocurre más que a él; así con esa picardía, nada más que a él. Y luego, verlo al final como lo vi, qué lastimita me dio, parece mentira, ya casi sin poder valerse y...¿ qué, que te cuente lo de Jeré?

Bueno, el Friti siempre andaba con cuatro o seis cachondos de aquí, los más juerguistas del mundo: Curro Villalonso, Pepito Távora el de la botica de Puerta Tierra, don Paco Ros, que le decían el Solterón (que entonces nadie gastaba güisqui y don Paco lo tenía en su casa hasta en palanganas). Julio Camargo el sastre de la Plaza Candelaria, que era compadre del Friti y ése iba siempre de baldivia, le pagaban los gastos entre todos porque tenía su gracia y sabía estar; Teodoro el de los mariscos iba también algunas veces.

Y ellos estaban siempre a la que salta, buscándose sus fiestas y sus cachondeos aquí y por ahí afuera, porque Antonio el Friti y don Paco Ros tenían coche cuando aquí en Cadi no había más que cuarenta o cincuenta coches, fuera aparte de los de caballo, que había muchísimos. Así que se iban de fiesta a Sanlúcar y a los toros de Algeciras y a Sevilla y a cualquier sitio donde hubiera algo. O aunque no lo hubiera. Por Jeré caían mucho, allí tenían ellos unos pocos de amigos del mismo pelo...

...se juntaban en El Gallo Azul, de la calle Larga de Jeré, y llegó a Jeré un extranjero mu orgulloso, que lo conocieron don Paco y Curro Villalonso, y empezó a irse con ellos porque le gustaba también el juergueteo, y al Friti no le hacían ni chispa de gracia los orgullos de ese hombre; lo tragaba porque no estaban todos más que pendientes de lo que cayera y de la fiesta que fuera y de pasarlo bien, pero a él no le iba a genio. Y ya mucho menos cuando le gastó Antonio una broma simpática, un dicho, que ésos se los soltaba el Friti a todo el mundo, trabalenguas de cachondeo y eso, y no se molestaba nadie. Pero el otro se molestó y le llamó malamente la atención en El Gallo Azul, delante de la gente y de los amigos.

Y el Friti se calló su boca y se la guardó pero bien guarda; dijo: ya veras. Y esa ocurrencia que él tuvo luego y la que lió de pronto con el forasta, ¿eso?: nadie más que él en el mundo.]

[i Fue una noche de juerga, también en Jeré y con toda aquella banda, ya muchos días después de que el otro le hiciera el feo. Creo que estaban en La Venta La Peque y que al extranjero le cayó mal el vino esa noche y se puso de perder la vista y dormirse en el suelo o en un charco o en donde lo soltaran, porque es que era un bulto sin conocimiento.

Entonces va y le dice el Friti a su compadre Camargo el sastre, le dice:

-Compadre, vamos a llevarnos a este hombre a su hoté y a acostarlo para quedarnos tranquilos porque, si no, nos va a dar la noche. Ahora venimos, señores, hasta ahora.

Lo cogen entre los dos al forasta, lo meten en el coche del Friti, y en lugar de llevarlo al hombre para el hotel donde estaba de güéspede, hace así el Friti y tira para un tapaíllo por el barrio de Santiago, que por aquella parte ya habían estado todos ellos hacía un rato grande dando una vuelta, antes de irse a lo de la Peque, y por allí y por la calle Rompechapines estaba el ambientito de las mujeres y de los ligues y eso, y habían parado allí en dos o tres bares, ya con el forasta borrachísimo pero todavía en pie.

De manera que llegan el sastre y el Friti al tapaíllo con aquel bulto, serían la una o las dos de la noche, y el Friti habla con la encargada y le dice:

-Mirusté qué plan, señora: un amigo de fuera que se ha puesto así con las copas, y a ver si puede de quedarse a dormir aquí. Lo deja usté tranquilo toda la noche que nadie lo moleste, y yo le pago la cama ahora.

Le paga la cama a la mujer, tiran con el tío para el cuarto, lo desnudan, lo acuestan y se saca el Friti del bolsillo un pimiento chi de esos que te abren un boquete en la lengua como t'escantilles, de los chiquitillos fuertes-fuertes, que ya lo había pedido en La Venta La Peque antes de llevarse al tajao. Parte el pimiento por la mita, le da con salivita así con el dedo pa que soltara bien esos picores, le baja al borracho los calzoncillos y le refriega un rato grande ese pimiento por el mismo ojo'l culo. Luego le pone dos billetes de veinte duros allí en la mesilla de noche, y lo dejan durmiendo y se volvieron adonde estaban los demás.

A las doce o la una de la mañana, recala el forasta por El Gallo Azul con dos ojeras como dos pianos y la resaca en lo alto, que se había despertado en el tapaíllo y se vistió y se echó a la calle sin ver a nadie ni querer él saber cómo había llegado allí, ni decírselo a nadie.

Y ya estaban todos los de la banda en lo que tenían que hacer y tenían que decir, porque todos eran iguales en eso: cachondeo que hubiera, allí de boca todos. Y al principio lo de siempre: "hola, buenos días", "buena la cogiste anoche", lo propio. Pero el forasta, notando que estaban todos como apuraos con él; él arrascándose la ardentía del culo de cuando en cuando, de la forma más disimulá que podía pero con toda su alma, hasta con un tenedorcito de las tapas, y los otros haciendo como que no se daban cuenta del raskayú. Pero el tío veía que le hablaban a lo justo y que, desde que él llegó, había en la mesa un ambiente raro-raro... todos callados, serios... vaya, que no estaban como siempre ni a gusto, así que acabó preguntando qué pasaba y "nada, hombre, nada", y el que le contestaba miraba para otra parte, como apurao y en un compromiso. Y ya con un mosqueo el hombre, que venga a preguntar y a preguntar qué pasa conmigo, y entonces dice el Friti medio serio y medio triste:

-Bueno, vamos a decírselo porque así es peor. Perdona, Fulano, pero es que anoche pasamos un mal rato y una vergüenza, tú sabes como estabas, que estabas sin vista. Y entonces, en un bar por Santiago, se te echa uno encima que se conoce que le gustaste. El más loca de Jeré. Apretándote el brazo, descompuestito, y que te daba todo lo que llevara encima pero que te fueras con él... ¿cómo nos íbamos a meter nosotros en eso? Y venga y venga hasta que te fuiste con él. Ya luego no sabemos lo que pasó pero la verdá es que nos quedamos todos fríos porque no te conocíamos ese tirón ni esos ligues. Ahora: cada cual es libre de hacer lo que quiera, tú no te preocupes, tú tranquilo.

Escucha eso el forasta, que ni era homosesuá ni le gustaban los hombres ni el ambiente de la piompa, y figúrate los cabos que amarró al minuto: sobre todo, los cuarenta duros en la mesilla de noche y esa picazón comiéndole el ojete. Se fue al momento del Gallo Azul y sin despedirse siquiera. Se levantó así encorvao y muy despacito, blanco como la paré, sin un "cuánto debo" ni un na, mirando como si se hubiera vuelto tonto... Cogió el tren esa misma noche y no volvió ya nadie a verlo por Jeré.

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