Fundación Fernando Quiñones

Fragmento de Encierro y fuga de San Juan de Aquitania

Encierro y Fuga de San Juan de Aquitania

(...)Tomo un sorbo de blanco frío, todavía está la copa medio empañada y, al dejarla en la mesa, me tiembla un pelín la mano porque en la sala de televisión acaba de saltar otra voz sofocada de la gente. Sí. Un rumoreo como los que saltan en los partidos grandes por TV aunque, en vez de ese clamoreo de gol, alegre o cabreado, a lo que este sonó es al zumzúm del agobio y del sinvivir que se están comiendo hora a hora al Parador, al pueblo entero, a medio mundo, desde la tarde ya. Aparte el tragedión de esta mañana en la carretera, que eso es otra cosa o... vendría a ser la misma, no sé.

¿Y todo por el cuadrito y ocho mil pesetas? Ocho. Un billete de cinco y tres verdes.

Aquella pareja tan joven, con pinta de ecologistas y ella de nórdica de novela, deja plantada de golpe su macedonia de frutas para abalanzarse a la sala de la cajita tonta (desde su mesa debían estaría entreviendo) y meterse en el montón de telemirones, ¿será posible? Puedo ver al muchacho allí cerca de la puerta, señalando dedo en alto al televisor, sacudiendo nervioso la otra mano mientras le dice algo a su compañera sin retirar ojo de la pantalla. Y quién sabe, al ver a esos dos, por qué me estoy acordando de aquella voz y aquella cara que no tienen nada que ver con ellos, pero nada: la voz simpática y medio quejica de la mujer diciéndome en la iglesia, «Ea, pues como le gustan a usté las cosas antiguas, voy a enseñarle una, un cuadro que...». Hija de puta.

Y ahora sí estoy más asustado, lo estoy, viendo a ese chaval así de ansioso y a tanta gente allí clavada a la tele; ahora ya suelto la cuchara, apuro el fondo del tazón engullendo los tropezones, me levanto y atravieso el comedor hasta la salita de la tele para ver yo también, procurando, eso sí, no atropellarme, apretando los dientes, negándome a sentirme el malo de la película, absurdamente responsable de esas calamidades que no paran, de todo lo que está pasando por ahí. Porque no, Carlos, no irás por fin a tomarte a pecho lo que esa mujer dijo en la sacristía. Que me lo dijo, además, así sin darle una importancia... todo aquello de que el Padre Naranjo no llegó a ver ese cuadro, y que si el abuelo y la madre de ella no querían que lo viera nadie, ni siquiera los párrocos, qué sé yo. Casi como quien habla por hablar.

Casi.

IMPONIENDOME calma, me abro paso entre todas estas mujeres y hombres en tensión, metidos en un humazo tabaquero de los que ya no se ven sin que alguien proteste (tanto humo así, debe ser también cosa de la misma histeria) y enseguida corre por la salita un ¡boh! general de fastidio entre chasquidos malhumorados de lengua, porque en el televisor, después de la aparición de un negro, o ha sido quizá un hindú, agachándose lloroso sobre muertos embarrados como para reconocerlos, saltan interferencias, muchas, todas las interferencias del mundo, hasta entrecortar las imágenes, deformarías y acabar cargándoselas: todo lo que se ve es ya un desfile cretino de fideos en color cruzándose de arriba a abajo de la pantalla, y el sonido no da ahora más que un estúpido mugido continuo, como maniático...

más textos

Síguenos...
Geografía humana

Descubre los lugares que han marcado el recorrido vital de Fernando Quiñones

Newsletter

Recibe mensualmente las actualizaciones de nuestra web

load

Plaza Mayor, 7 (Casa Briones) | 11130 Chiclana de la Frontera (Cádiz)

teléfono (+34) 956 40 38 14 ··· fax (+34) 956 40 74 72 ··· mail info@fundacionfq.com

newsletter ··· RSS ··· aviso legal ··· privacidad ··· accesibilidad (wai) ··· validación XHTML/CSS ··· diseño web crealia ··· intranet