Fundación Fernando Quiñones

Coplas de Luis El Mula

Las Crónicas del 40 o Salero de España

[n LUIS El Mula] tenía
           —ay Pedro Romero—
           una cabeza diminuta y larga
           sobre unos hombros inacabables
           como un higo de tuna encima de una cómoda.

[n Luis El Mula] peleó en el mar
           a brazo limpio con una corvina
           de un metro y más. El pez estaba enfermo
           o aturdido. Lo avizoramos
           lejos, desde la playa. Luis corrió
           al mar y media hora después, sangrientamente
           arañado, feliz, algo mordido,
           volvió con su corvina a las espaldas
           (la cola le arrastraba por la arena).

[n Luis EL Mula] me defendió, y a Antonio
           Lloret, contra ocho o diez en la Lonja Chica.
           Lo estábamos pasando fatal cuando escuchamos
           el cloc-cloc de sus botos de madera
           y en seguida el chocar de tres o cuatro
           cabezas empujadas fácil, graciosamente por
           un solo manotazo de Luis.
           Las cajas de 100 kilos volaban por el aire.

[n Luis El Mula], también en el Muelle
           Pesquero, boxeó un día de broma
           con Hinestrosa —ay Pedro Romero—,
           profesional muy fino que lo echó
           al suelo casi antes de empezar.
           Contra los adoquines y la nieve salada
           daba susto la cara de Luis que ni se lo creía.
           Hinestrosa huyó a todo correr.
           «¡No corras, cabrón, ven p'acá!»,
           voceaba Luis doblando con las manos
           una tira de hierro entre
           divertido y lloroso, «¡no corras!».

[n Luis El Mula] en Jerez de la Frontera
           (a 50 kms entonces)
           y cuando peor andaban las postbélicas hambres
           tuvo una amiga rica. El mayordomo
           le ponía un pollo por la mañana
           y Luis se lo comía en la cama
           y otrosí sendos pollos
           de almuerzo y cena: en diez o doce días
           se comió el gallinero y volvió a Cádiz.

[n Luis El Mula] fue amigo de uno
           y quien me presentó a Eduarda,
           esbelta rubita calentísima,
           quien me ayudó a limpiar cajas y cajas de cabezas
           de merluza y a aprovechar cachetes y cocochas,
           quien me daba tabaco algunas veces.

[n Luis El Muía] tenía
           cinco ternos, siete corbatas
           y una chaqueta espó.

[n Pero Luis El Mula] se aburría, se aburría y se fue.

[n Pero Luis El Mula] murió en el puente de Brookiyn, Nueva York,
           tiroteado por la policía.

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